viernes, febrero 25, 2005
La inmortalidad del mosquito
Usualmente utilizamos esa frase (la inmortalidad del mosquito) para referirnos a aquella persona que anda con la cabeza en las nubes, presa del ensimismamiento: ¿Qué haces, Andrés? Nada -responde este- sólo que ando pensando en la inmortalidad del mosquito..."
Así las cosas, estos últimos días han constituido para mí una alucinante exploración acerca de la espiritualidad y la metafísica de estos bichos. Hoy, más que nunca, soy un convencido de que los mosquitos son inmortales. ¿Cómo así? Muy simple. Tales de Mileto (filósofo griego) pensaba que todas las cosas -inclusive las piedras- estaban habitadas por dioses. De este modo ¿cómo dudar de que un simple insecto no pueda trascender su pequeña existencia?
Además, todos los humanos, lo admitamos o no, estamos seguros de que nos espera aunque sea una vida después de la muerte. Si nosotros somos inmortales, pues los mosquitos también (y eso que nosotros muchas veces valemos menos que un mosquito)
En los próximos días pasaré a analizar otra famosa frase que es "Estás pensando en los huevos del gallo" Hasta luego.
Así las cosas, estos últimos días han constituido para mí una alucinante exploración acerca de la espiritualidad y la metafísica de estos bichos. Hoy, más que nunca, soy un convencido de que los mosquitos son inmortales. ¿Cómo así? Muy simple. Tales de Mileto (filósofo griego) pensaba que todas las cosas -inclusive las piedras- estaban habitadas por dioses. De este modo ¿cómo dudar de que un simple insecto no pueda trascender su pequeña existencia?
Además, todos los humanos, lo admitamos o no, estamos seguros de que nos espera aunque sea una vida después de la muerte. Si nosotros somos inmortales, pues los mosquitos también (y eso que nosotros muchas veces valemos menos que un mosquito)
En los próximos días pasaré a analizar otra famosa frase que es "Estás pensando en los huevos del gallo" Hasta luego.
sábado, febrero 12, 2005
Viernes, de noche
11:58 pm marca el reloj. Sentado ante un plato de comida tibia, escribo estas palabras que se encadenan unas a otras, formando un sentido que descubro letra a letra. Estoy acá, solo, un viernes en la noche, con los párpados hinchados y los pulmones cansados por culpa de los cigarrillos y la computadora. Acabo de regresar de hacer mi shopping semanal: dos libros y una Coca Cola (Balzac y cafeína, quién lo diría). Mis amigos ya no están. El mejor de ellos no responde su móvil (quizá esté haciendo el amor con su esposa) y el otro se encuentra de vacaciones (quizá haciendo el amor por mano propia). No tengo a quien recurrir ni nadie con quien conversar. Abro mi paquete de Luckies y enciendo el último antes de irme a la cama. La habitación se llena de humo. Exhalo una bocanada y pienso en ella y en un abrazo y en una mirada y en cuatro palabras. Whish you were here...
miércoles, febrero 09, 2005
Un día de furia
Montaigne hablaba de que los humanos podemos ser magnánimos y compasivos con aquellos que nos han hecho daño. Pero para que ello sea posible, es condición necesaria que nuestras víctimas se mostrasen firmes y decididas a hacernos frente, a pesar de saber que están perdidas y derrotadas. Ayer mi jefe desapareció con mi cheque de pago y nadie sabe cuando aparecerá. Dicen que hoy sí me pagan...mmm, me suena a eso de "hoy no se fía, mañana si".
¿Debo ser magnánimo con aquel sujeto? ¿viéndole arrodillado ante mi, temblando de miedo al verme apuntándole con mi pistola, debo perdonarlo? No haré caso a Montaigne. Si el pobre tipo me hace frente y se planta valerosamente ante mi gallarda y furiosa presencia procederé a apretar el gatillo sin compasión alguna. El disparo acertará en medio de sus ojos y sentirá cómo una sensación de frescura invade su cuerpo, liberándolo. Yo guardaré mi pistola de agua y me iré, feliz con mi cheque en la mano y a él le dejaré mojado, arrodillado en el piso. Para que vea que mi cólera no conoce límites.
¿Debo ser magnánimo con aquel sujeto? ¿viéndole arrodillado ante mi, temblando de miedo al verme apuntándole con mi pistola, debo perdonarlo? No haré caso a Montaigne. Si el pobre tipo me hace frente y se planta valerosamente ante mi gallarda y furiosa presencia procederé a apretar el gatillo sin compasión alguna. El disparo acertará en medio de sus ojos y sentirá cómo una sensación de frescura invade su cuerpo, liberándolo. Yo guardaré mi pistola de agua y me iré, feliz con mi cheque en la mano y a él le dejaré mojado, arrodillado en el piso. Para que vea que mi cólera no conoce límites.
viernes, febrero 04, 2005
Tarde de viernes
A las 5 de la tarde, el calor se hace más pesado y húmedo. Las calles se llenan con la gente que empieza a salir de sus trabajos y las pistas verdean de automóviles que se reproducen como un virus maligno en un cuerpo ya carcomido por el paso del tiempo. Esa es Lima. Mi Lima.
Por más que lo intento, no logro recordar algo que me agrade de ella. Sólo puedo concentrarme en el cielo teñido de nubes rosadas y rojas delante de un fondo celeste que veo a través de mi ventana. Sí. Lo único que amo de esta ciudad son sus atardeceres de verano y que vienen con ése calorcito pegajoso que moja mi piel y mi camisa. Dejo de mirar por la ventana. 5:31. Apago la computadora, me voy a casa.
Por más que lo intento, no logro recordar algo que me agrade de ella. Sólo puedo concentrarme en el cielo teñido de nubes rosadas y rojas delante de un fondo celeste que veo a través de mi ventana. Sí. Lo único que amo de esta ciudad son sus atardeceres de verano y que vienen con ése calorcito pegajoso que moja mi piel y mi camisa. Dejo de mirar por la ventana. 5:31. Apago la computadora, me voy a casa.
Renuncio!!!!!
Después de muchos días escribo algo en este blog. Se supone que debería ser una especie de "diario", pero de eso no tiene nada. Debería llamarse más bien "devezencuandario". Sucede que en las últimas semanas solo he vivido para trabajar y no he tenido tiempo ni siquiera para mí. Ya no leo, como poco y casi no veo películas, y ni qué decir de salir los fines de semana (¿qué es un sábado?). Pero ya llegué a mis límites. He decidido renunciar a mi trabajo. En un país donde todos buscan empleo, yo soy el único imbécil que se da el lujo de renunciar al suyo. Vaya pedazo de huevón.
