miércoles, junio 29, 2005
Confesión
En estos tiempos posmodernos el hombre ha asumido, cada vez con mayor libertad y conchudez, papeles que antaño eran de uso exclusivo de las mujeres. Especímenes como el ya famoso "metrosexual", (extraña criatura que no se decide a emular a Boy George o a Paris Hilton), invaden las ciudades del mundo desarrollado con su ropa de marca y su aire a aristócrata mundano. Según muchas revistas, este nuevo "jet set" se ha "atrevido" a sacar su lado femenino y a no tener temor de incorporar a su comportamiento usos y costumbres de cualquier chica regia que se precie de serlo. Pues genial, digo yo.
Pero ¿es posible ser "femenino" sin llegar al extremo de estos sujetos y sin caer tampoco en los amaneramientos? En mi caso, admito que soy femenino, pero no porque sea gay o porque -cosa aún más absurda- me sienta metrosexual, sino por la sencilla razón de que odio a los hombres. Si, los odio con toda la hiel que puede destilar mi hígado, con todas las náuseas de mis noches de resaca, con toda la fuerza con la que pujo cada vez que voy al baño.
Si quien lee éstas líneas es hombre, pues lo siento, querido. Te odio. ¿Y quieres saber por qué? Por tu machismo, por tu falta de cerebro, por tu deseo inagotable de querer acostarte con todas las mujeres posibles, por tu amor al fútbol y los autos, por tus noches de juerga, por tu barriga grasienta y cebosa, por tu poca sensibilidad que sólo alcanza para apreciar las tetas de una "jermita" por la calle, por tu supina ingenuidad, por tu viveza criolla, por tu falta de imaginación...en fin, te odio porque, en realidad, eres un zángano.
Claro, pero dirán "oye, huevón, ¿y tú no eres hombre?" Claro, lo soy, pero sólo porque me cuelga un pene entre las piernas y porque me gustan las mujeres. En lo demás, me parezco mas bien a un Woody Allen en pleno ataque de histeria. En términos posmodernos, soy lo opuesto al metrosexual...un woodysexual (pero, por favor, sin gafas).
Pero ¿es posible ser "femenino" sin llegar al extremo de estos sujetos y sin caer tampoco en los amaneramientos? En mi caso, admito que soy femenino, pero no porque sea gay o porque -cosa aún más absurda- me sienta metrosexual, sino por la sencilla razón de que odio a los hombres. Si, los odio con toda la hiel que puede destilar mi hígado, con todas las náuseas de mis noches de resaca, con toda la fuerza con la que pujo cada vez que voy al baño.
Si quien lee éstas líneas es hombre, pues lo siento, querido. Te odio. ¿Y quieres saber por qué? Por tu machismo, por tu falta de cerebro, por tu deseo inagotable de querer acostarte con todas las mujeres posibles, por tu amor al fútbol y los autos, por tus noches de juerga, por tu barriga grasienta y cebosa, por tu poca sensibilidad que sólo alcanza para apreciar las tetas de una "jermita" por la calle, por tu supina ingenuidad, por tu viveza criolla, por tu falta de imaginación...en fin, te odio porque, en realidad, eres un zángano.
Claro, pero dirán "oye, huevón, ¿y tú no eres hombre?" Claro, lo soy, pero sólo porque me cuelga un pene entre las piernas y porque me gustan las mujeres. En lo demás, me parezco mas bien a un Woody Allen en pleno ataque de histeria. En términos posmodernos, soy lo opuesto al metrosexual...un woodysexual (pero, por favor, sin gafas).
viernes, junio 24, 2005
De un poeta desconocido
Je suis la seule fleur qu'on jette sans regret :
On dépouille mon front de son blanc diadème,
Et l'on me foule aux pieds dès qu'on a mon secret.
On dépouille mon front de son blanc diadème,
Et l'on me foule aux pieds dès qu'on a mon secret.
jueves, junio 16, 2005
Sin título...
Peluso, mi gato, ha muerto.
Mierda.
Mierda.
viernes, junio 10, 2005
Los amigos se van en avión
Los últimos años de mi vida han estados marcados por inmumerables despedidas, sobre todo las de amigos muy queridos que, por alguna u otra razón, terminaron cogiendo sus maletas para irse muy lejos. A muchos les he perdido el rastro y sólo tengo noticias de unos pocos gracias a lo que me entero de vez en cuando por ahí. Puedo decir que a estas alturas puedo contar a mis amigos con los dedos de una mano, no porque tenga pocos, sino porque muchos ya no están. Una amiga se va dentro de algunas horas rumbo a Chile a encontrarse con su novio que trabaja en ese país. Es una de las pocas personas con las que se puede hablar desde la inutilidad de nuestra existencia corporal hasta de lo último en gafas D&G.
Ayer por la noche fue su despedida y concidimos en su departamento muchas personas, casi todos treintañeros involucrados en el medio del teatro, el cine y la TV (mi amiga es actriz) y casi todos también angustiados por los mismos dramas existenciales. Coincidentemente, uno de los invitados contó su proyecto de irse a otro país, a pesar de que acá es un exitoso director teatral y mal nunca le ha ido. "Tengo ganas de irme a Nueva York y montar una obra en Broadway, pero va a estar bien jodido que me den la visa" contaba, mientras bebía sorbos de su vino tinto. "El problema es que tengo todo el perfil de la persona que viaja allá para quedarse: soltero, sin hijos, sin un trabajo en una empresa grande y, encima, artista, todo lo cual es señal para ellos de que no tengo raíces en este país". Terminó su copa de vino, hizo una mueca de disgusto y se fue al baño.
Lo mismo podría decir mi amiga...no tiene ninguna necesidad de emigrar, pero lo hace porque quiere viajar y conocer cosas nuevas y diferentes (entre ellas el amor, claro). Y creo que ése es el principal motivo de todos mis amigos que se han ido del país: el instinto de la aventura. Y yo no soy la excepción.
Cuando termine estas líneas quizá ella ya esté rumbo al aeropuerto, dirigiéndose al destino desconocido que le ha abierto su existencia, pero el cual está dispuesta a recorrer. Lástima...me sigo quedando sin dedos. Ni modo, a mi me espera lo mismo dentro de poco.
Ayer por la noche fue su despedida y concidimos en su departamento muchas personas, casi todos treintañeros involucrados en el medio del teatro, el cine y la TV (mi amiga es actriz) y casi todos también angustiados por los mismos dramas existenciales. Coincidentemente, uno de los invitados contó su proyecto de irse a otro país, a pesar de que acá es un exitoso director teatral y mal nunca le ha ido. "Tengo ganas de irme a Nueva York y montar una obra en Broadway, pero va a estar bien jodido que me den la visa" contaba, mientras bebía sorbos de su vino tinto. "El problema es que tengo todo el perfil de la persona que viaja allá para quedarse: soltero, sin hijos, sin un trabajo en una empresa grande y, encima, artista, todo lo cual es señal para ellos de que no tengo raíces en este país". Terminó su copa de vino, hizo una mueca de disgusto y se fue al baño.
Lo mismo podría decir mi amiga...no tiene ninguna necesidad de emigrar, pero lo hace porque quiere viajar y conocer cosas nuevas y diferentes (entre ellas el amor, claro). Y creo que ése es el principal motivo de todos mis amigos que se han ido del país: el instinto de la aventura. Y yo no soy la excepción.
Cuando termine estas líneas quizá ella ya esté rumbo al aeropuerto, dirigiéndose al destino desconocido que le ha abierto su existencia, pero el cual está dispuesta a recorrer. Lástima...me sigo quedando sin dedos. Ni modo, a mi me espera lo mismo dentro de poco.
