Reproduzco, a continuación, dos fragmentos de artículos aparecidos en el diario El País:
"Menuda vergüenza de juventud, quedar para hacer botellón (beber alcohol en la calle y en grupo) simplemente para batir récords, para ver quién es el que más bebe, mientras en Francia la juventud ha salido a la calle a manifestarse en contra de unas leyes que quieren precarizar y condenarles a un futuro incierto. Somos una juventud que lo tenemos todo regalado, somos unos consentidos, estamos educados para consumir, consumir y consumir..." (Lector de El País)
"¿Existe alguna relación entre las protestas de los estudiantes franceses y las megaconcentraciones del botellón? (...) nuestros vecinos denotarían seriedad al manifestarse contra la precariedad del trabajo, mientras los grupos nacionales serían banales. (...) Más que una generación, la nueva cohorte se contempla como los representantes de una degeneración. No leen, no visitan exposiciones, no se esfuerzan, se drogan, se sumen en los videojuegos, se emboban con las pantallas y retransmisiones deportivas, se fragmentan en SMS, son bipolares, hiperactivos junto a una turbadora inclinación por el porro y el porno." (Vicente Verdú)
Eso lo veo cada día en la calle, los bares o la universidad. La gran mayoría de la juventud española solo vive para el día a día, para gastarse el dinero en artículos necesariamente prescindibles o para lucirse en público, compitiendo por ver quién se viste mejor o quién lleva el último corte de moda.
Esta generación de adolescentes españoles es absolutamente banal, frívola y hasta sádica e insensible. De ahí los cada vez más constantes casos de agresión física de hijos hacia sus padres y los ataques violentos a mendigos y gente indefensa que son grabadas en los móviles (inclusive una indigente fue quemada viva dentro del cajero automático de un banco en Barcelona).¿Hacia dónde van? Si tienen suerte, quizá un día despertarán, abrirán los ojos y se darán cuenta de que su existencia fue completa pérdida de tiempo.
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