sábado, marzo 26, 2005
OTOÑO
Vivo entre los dos trópicos, encerrado en el mundo de Henry Miller. Pero Lima no es París y nuestro otoño no anuncia la llegada de ningún invierno que congela la sangre del cuerpo. Mas bien es una continuación del verano, lleno de días soleados y calor pegajoso. Inclusive, cuando cae por fin el invierno, éste es húmedo y también pegajoso, pero por la garúa de todas las mañanas.
Odio el otoño. No es mas que un anuncio de los días oscuros y grises que se avecinan a paso acelerado e irremediable. Con el corto verano se van mis alegrías y esperanzas y solo queda la tristeza y soledad del resto del año. Daría todo por ver el sol en invierno. Que nieve, que llueva, en fin, que pase algo y no la perpetua inmovilidad de esta ciudad aplastada bajo su propia pena. Lo siento. Hoy no tengo motivos para sonreir.
Odio el otoño. No es mas que un anuncio de los días oscuros y grises que se avecinan a paso acelerado e irremediable. Con el corto verano se van mis alegrías y esperanzas y solo queda la tristeza y soledad del resto del año. Daría todo por ver el sol en invierno. Que nieve, que llueva, en fin, que pase algo y no la perpetua inmovilidad de esta ciudad aplastada bajo su propia pena. Lo siento. Hoy no tengo motivos para sonreir.

